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¿El cabello puede volverse adicto a la plancha? Especialistas aclaran mitos y alertan sobre el daño térmico

Expertos desmienten que el cabello desarrolle dependencia a la plancha, pero advierten que las altas temperaturas causan un deterioro progresivo que puede pasar desapercibido.

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Mujer utilizando una plancha de calor para alisar su cabello frente a un espejo

Tener un pelo lacio, brillante y libre de encrespamiento ha convertido a la plancha térmica en un elemento indispensable de la rutina diaria para muchas personas. Sin embargo, ese resultado estético inmediato suele esconder un deterioro silencioso de la fibra capilar derivado del exceso de calor.

Es frecuente escuchar que el pelo parece «acostumbrarse» al aparato, volviéndose rebelde al dejar de plancharlo o exigiendo más pasadas para alisarse. Frente a esta creencia, expertos en salud capilar y peluquería desmienten tajantemente que exista una relación de dependencia física del cabello hacia estas herramientas térmicas.

En declaraciones concedidas al diario Mitre, el estilista Mariano Castrilli detalló la imposibilidad biológica de dicho fenómeno:

«El pelo, al ser tejido muerto, no puede generar ningún tipo de dependencia ni acostumbrarse a algo»
.

El espejismo del brillo y la suavidad

El uso continuado de temperaturas elevadas fragiliza la estructura del cabello. Aunque luzca dócil y pulido tras el alisado, esto no equivale a una mejora en su salud interna. La acción mecánica de la presión combinada con el calor aplana la cutícula —la capa más externa de la hebra—, lo que optimiza el reflejo de la luz y otorga esa falsa apariencia de vitalidad.

Sobre este impacto progresivo, la docente de tricología Verónica Vivas expuso en redes sociales los riesgos de confiarse de la apariencia superficial:

«Con la plancha, el pelo se ve precioso hasta que acaba rompiéndose y no entiendes muy bien por qué está pasando»
.

Impacto de las temperaturas elevadas

Lejos de nutrir o hidratar, la exposición constante al calor deshidrata la fibra, la torna áspera y eleva su propensión al quiebre. Los efectos adversos se intensifican notablemente cuando se alcanzan temperaturas cercanas a los 180 grados de forma recurrente, modificando la estructura capilar interna hasta provocar la pérdida de brillo natural, sedosidad y docilidad.

Dado que el deterioro no se manifiesta de un día para otro, muchos usuarios continúan aplicando calor sin advertir la pérdida de resistencia. Con el tiempo, surgen consecuencias complejas de corregir, algunas de las cuales llegan a ser irreversibles:

  • Resequedad extrema: pérdida continua de la humedad natural del pelo.
  • Debilitamiento estructural: mayor facilidad para la fractura y puntas abiertas.
  • Pérdida de elasticidad: fibras rígidas que pierden su textura y movimiento.

Por esta razón, los especialistas instan a no dejarse llevar únicamente por el acabado liso del momento y evaluar periódicamente la fuerza y el estado real de la hebra capilar. Moderar la frecuencia del planchado, reducir la temperatura y priorizar la salud integral del cabello son medidas clave para prevenir un daño irreparable.

Con información de bluradio.com.

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