A través de una misiva dirigida al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, las directivas de seis museos de arte moderno de Colombia solicitaron clarificar los motivos técnicos y conceptuales que llevaron a descolgar alrededor de 30 piezas de las salas del Museo Nacional. El gremio remarcó la necesidad de que cualquier modificación en los guiones museográficos responda a un debido proceso curatorial.
La postura del sector fue sustentada por el director del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), Rafael Tamayo, en declaraciones entregadas al espacio radial Mañanas Blu+. Según el directivo, la petición constituye un acercamiento cordial para abrir canales de interlocución con la cartera cultural, iniciativa que además suma el respaldo de la filial del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y del programa de posgrado en Museología de la Universidad Nacional de Colombia.
Riesgo de precedentes en la gestión cultural
La mayor preocupación para las instituciones firmantes radica en el precedente institucional que estas decisiones puedan marcar. Tamayo puntualizó que, si bien las exposiciones no son estáticas y admiten revaluaciones, estas revisiones deben fundamentarse en análisis rigurosos, argumentos académicos y deliberación ciudadana, en lugar de determinaciones intempestivas.
“El debido proceso es definitivamente un principio fundamental en nuestra sociedad”, manifestó el director del MAMM al insistir en que cualquier ajuste a los guiones exige un método riguroso.
El vocero subrayó que la construcción de relatos en los museos del país es producto del trabajo de investigadores que integran distintas visiones comunitarias. Dado que estas muestras operan en el plano de lo simbólico, descolgar o incorporar elementos no debería asumirse como una simple labor logística, sino como un diálogo con el sector artístico y académico.
Tensiones entre memoria y gobiernos de turno
Tamayo admitió que, al ser el Museo Nacional una entidad adscrita al ministerio, la influencia de las políticas gubernamentales es recurrente a lo largo de las distintas administraciones. No obstante, advirtió sobre los riesgos de que una administración intente posicionar un relato hegemónico que excluya otras miradas históricas, defendiendo que estos espacios deben ser incluyentes, pues en ellos “todos cabemos”.
Respecto a polémicas específicas, como la protección patrimonial otorgada al sombrero del comandante del M-19 Carlos Pizarro o los textos sobre la represión estatal durante el Frente Nacional, Tamayo prefirió no centrarse en piezas individuales para no desviar la conversación. Frente al sombrero de Pizarro, señaló que se requiere mayor investigación y conversación con los públicos, evitando salidas radicales que vayan desde su enaltecimiento hasta su exclusión absoluta.
De igual manera, el director del MAMM lamentó las tensiones registradas recientemente a las afueras del recinto en Bogotá:
“Es muy triste ver las imágenes frente al Museo Nacional que ya no son pacíficas”.
Convocatoria al diálogo técnico
Frente a la pregunta sobre quién debe asumir la narración histórica de la nación, Tamayo argumentó que el debate sobre el pasado siempre implicará tensiones y que el Estado está llamado a actuar con altura como facilitador de esas discusiones. En ese sentido, consideró indispensable que la actual jefatura de curaduría del Museo Nacional exponga los criterios de la intervención y que los equipos y colectivos que estructuraron los guiones bajo revisión sean convocados a las mesas de trabajo.
Por último, aclaró que la intención general no radica en discutir pieza por pieza —dinámica con la que advirtió que “nunca saldríamos adelante”—, sino en preservar las garantías metodológicas del campo museístico colombiano.










