Una multitudinaria jornada de movilizaciones juveniles sacudió a París este sábado, en medio de reclamos sociales que derivaron en fuertes choques entre manifestantes y los escuadrones policiales.
La concentración arrancó en una atiborrada plaza de la República, escenario que rápidamente quedó envuelto en nubes de gas lacrimógeno debido a la respuesta de los uniformados frente a las arremetidas de grupos de jóvenes encapuchados. La marcha recogió el descontento impulsado durante las últimas semanas en colegios y universidades de Francia, donde la comunidad estudiantil exige un incremento urgente de recursos para la infraestructura educativa, la vinculación de más docentes y una ampliación en los programas de becas.
Reclamos por el costo de vida y la precariedad
Las dificultades económicas para sostenerse en las aulas fueron el común denominador de la jornada. Moubarak, estudiante de Tecnología de Datos en la Universidad de la Sorbona, explicó a la agencia EFE que el subsidio que recibe resulta insuficiente para subsistir en la capital francesa.
"Mi beca no me basta para vivir", manifestó el joven de 18 años, quien detalló que recibe apenas 80 euros mensuales, suma que ni siquiera le permite costear el pasaje de transporte público. "He venido aquí porque queremos garantizar un futuro mejor para nosotros, pero también para nuestros hermanos pequeños y más tarde para nuestros hijos. Me encuentro el fin de semana que no sé lo que voy a comer, sólo me quedan huevos y pasta".
A este panorama se sumó la voz de Malwen, universitaria de derecho internacional que acudió a la movilización con su hermana gemela para visibilizar el abandono institucional:
"Hay una falta de medios en las universidades, en los liceos, en los colegios, en toda la educación. También en los hospitales y en todos los servicios públicos", alertó, a la espera de que la presión social obligue al Ejecutivo a profundizar medidas como las planteadas días atrás para suplir vacantes de maestros.
Solidaridad ciudadana y crisis en la salud
Entre los cánticos dirigidos contra el accionar de la fuerza pública y consignas antifascistas, ciudadanos de otros sectores también respaldaron el clamor juvenil. Julie, una directiva de 50 años proveniente de Niza, expresó su sorpresa ante la contundencia de los gases lacrimógenos y criticó que "nunca nos atacaban así" en las marchas de su juventud, insistiendo en que el Gobierno debe reorientar sus prioridades para evitar una mayor brecha de desigualdad.
Por su parte, Zineb, trabajadora del sistema hospitalario estatal, evidenció que la crisis golpea de igual forma al sector sanitario:
"Somos los que sostenemos los hospitales públicos, pero trabajamos en muy malas condiciones, se maltrata a los pacientes, hay algunos que pasan más de una semana en camillas", advirtió la funcionaria, denunciando salarios estancados que apenas recibieron una prima de 150 euros frente al costo de vida, lo que ha provocado la fuga de personal hacia clínicas privadas o hacia el exterior.
Bloqueos y fuerte dispositivo de seguridad
Pese a que las autoridades cercaron los accesos a la plaza de la República con vehículos blindados, numerosos grupos rompieron el trazado autorizado hacia la plaza de Clichy y marcharon por vías alternas. En varios puntos se levantaron barricadas improvisadas con vallas metálicas, mobiliario urbano y bicicletas para cortar el tráfico vehicular.
Frente a las alertas de orden público —que incluyeron reportes de saqueos en ciudades como Lyon—, el ministro del Interior, Laurent Núñez, desplegó a 10.000 agentes de la Policía y la Gendarmería en todo el territorio francés, concentrando la mitad de ese contingente en la capital.










