Un dramático episodio de violencia de género se conoció en el municipio antioqueño de Itagüí, donde Yeraldin Alzate estuvo secuestrada, golpeada y abusada sexualmente por su compañero sentimental durante casi tres semanas en el año 2022. La víctima compartió su testimonio en el pódcast Más Allá del Silencio.
La relación, que duró siete años y había comenzado cuando ella tenía 13 años, dio un giro trágico en mayo de 2022, momento en el cual Alzate tomó la determinación de terminar el noviazgo. Lejos de aceptar la decisión, el sujeto reaccionó con agresiones físicas, la encerró en el inmueble y la violó ese mismo día.
“Era el diablo, no era la persona que había conocido”, expresó la víctima al recordar las amenazas con armas de fuego y las golpizas constantes con las que el agresor intentaba impedir la separación.
De acuerdo con su relato, el hombre abandonaba el domicilio únicamente para consumir sustancias psicoactivas, retornando en cortos períodos para retomar las agresiones. Durante los 20 días que duró el cautiverio, la alimentación se redujo a agua y arepas crudas, ya que el individuo le prohibía bajo amenazas de muerte ingresar a la zona de la cocina.
El nivel de agresión fue tal que la mujer llegó a desear la muerte e intentó planear su propio deceso para cesar las torturas. Según describió, el victimario solía introducirle un arma de boca en la boca para luego besarla, enfatizando que controlaba su vida.
La huida y el auxilio
El escape se materializó el 22 de mayo de 2022, pasadas las doce del día, cuando el captor no le había suministrado alimentos. Al levantarse para ir al baño, divisó claridad en un pasillo y evaluó el riesgo: permanecer significaba morir, al igual que huir. Optó por correr, empujó al individuo hacia la vía pública y abandonó el sitio.
Tras salir de la residencia, buscó resguardo en un automóvil y el dueño del automotor le prestó un teléfono celular para comunicarse con la línea de emergencia de la Policía.
“La Policía llegó y les conté lo que me había pasado. Me dicen que van a ir a buscarlo, que me quede en una tienda y allí estaban los muchachos del barrio, que son los malandros (…) Él perteneció a grupos armados, se había metido en una guerra en donde hizo y deshizo, tenía un chaleco y no permitían que le hicieran nada”, puntualizó la sobreviviente.










